he soñado tanto, tanto que ya no estoy aqui

Yo era un chico triste y encantado
de Beatles, Caña legui y maravillas
los libros, las canciones y los pianos,
el cine, las traiciones, los enigmas
mi padre, las cervezas, las pastillas, los misterios, el whisky malo,
los óleos, el amor los escenarios
el hambre, el frío, el crímen, el dinero y mis 10 tías
me hicieron este hombre enredado

si alguna vez me cruzas por la calle

regalame tu beso y no te aflijas

Si ves que estoy pensando en otra cosa

no es nada malo es que paso una brisa

la brisa de la Muerte enamorada

que ronda como un ángel asesino

Mas no te asustes siempre se me pasa

es solo la intuición de mi destino

“Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.

A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.

—El mundo es eso —reveló—. Un montón de gente, un mar de fueguitos.

Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.

No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende.”

Eduardo Galeano